Un día después, Rafael colgó el celular, recién había llamado a Víctor, y quedaron en reunirse con David en un restaurante cercano a la empresa Rowling.
—¿Vas a ir? —preguntó Mónica, afligida—. Me preocupa lo que pueda pensar ese hombre.
—¿No eres tú la que dice que David es un estúpido? —bromeó, acercándose a ella para calmarla—. Porque no pienso dejar que nos pisotee. Además, seguro quiere entregarle el niño a Víctor, y saber qué piensa hacer con Catherine.
—Creí que él era el enemigo… —Ar