—Hoy es el día —Cintya había llamado a Catherine—. Ni se te ocurra abrir la boca. No te meteré en este problema, y tú no me menciones si te llegan a preguntar, ¿de acuerdo?
Catherine, del otro lado de la línea, estaba preocupada porque por primera vez había hecho una amiga que se parecía a ella misma. Tenían los mismos gustos, y el mismo objetivo en común.
No quería perderla.
—Oye, ten mucho cuidado. Si Mónica es hija del líder de la mafia, ¿no puede ser peligroso? —le dijo, mordiéndose una