—¿Y bien? —Cintya movió el pie repetidas veces.
Tuvo que reunirse de nuevo con el hombre que contrató porque faltaba muy poco para llevar a cabo su misión.
El pelinegro frente a ella sonrió con orgullo, había logrado su objetivo y solo tuvieron que pasar varios meses para eso.
—Espero que hayas invertido bien el dinero que te dio la tal Catherine, porque cuando cumpla con mi trabajo, no nos veremos más —comentó, con una oscuridad en sus ojos.
—Lo tengo en cuenta. ¿También vas a secuestrar a