—¿Tú? —David no podía más—. Recuperaré a mi hija con o sin tu aprobación.
—¡David! —su esposa lo jaló del brazo para detenerlo—. ¡Ya tienes un hijo, por Dios!
—Tu mujer tiene razón, David. ¿Cuál es la obsesión con Victoria si ya tienes un heredero? No puedes tener dos —se burló Rafael.
Mónica estaba cabizbaja escuchando todo. Abrazó a su hija con fuerza, porque no iba a permitir que un hombre como su ex esposo, la alejara de su lado.
—Tienes todas las de perder —habló por fin—. Tus disculpa