Pocos días después, Rafael recibió la llamada esperada. Estaba en su oficina, en medio de la jornada laboral que le tocaba.
—Dime —contestó.
—Veo que estuviste impaciente esperando esta llamada —bromeó—. ¿Estás solo?
El castaño le echó un ojo a Mónica, ella también estaba hablando por teléfono con un posible socio o inversionista de la empresa, se veía muy concentrada.
—Sí.
—No me mientas, Rafael. Te puede salir caro.
—Ve al grano, David. Tú y yo estamos bien grandes para andar jugando —m