El día esperado había llegado, todos estaban preparados en la mansión Rowling. Al final, Mónica insistió tanto, que la dejaron ir.
—No saldrás del auto a menos que yo lo diga —la regañó su padre.
—¡Ten mucho cuidado, Mónica! —Elsa agarró sus manos, se estaban despidiendo.
—Piensa en el bebé que esperas… —murmuró Miles, preocupado.
Los labios de Mónica se curvaron en una sonrisa. Abrazó a Elsa, dándole a entender que no le pasaría nada.
—Estaremos bien.
—Vamos, cariño, solo es cuestión de