Mateo entró a la sala de la mano del seguridad, estaba nervioso, porque ya sabía que le iban a hacer muchas preguntas.
—Hola, campeón —lo saludó el juez—. Ven aquí.
Todos prestaron atención al niño, quién había caminado un poco más hasta llegar detrás del escritorio del juez para poder hablar con él.
El señor tomó su manito, tenía un nieto de su edad. Se percató que Mateo no poseía ningún moretón en su piel, estaba bien cuidado.
—Te voy a hacer algunas preguntas, ¿vale?
—Ajá…
Bajó la cabe