POV ANDREW
El silencio en el departamento de la calle 52 ya no era frío; era eléctrico. Mi mano seguía sujetando su mandíbula, pero la presión había cambiado. Mis dedos ya no buscaban someterla, sino sentir la calidez de su piel, el pulso acelerado que latía bajo su oreja y que me decía que, a pesar de sus palabras hirientes sobre deudas y dinero, su cuerpo me deseaba con la misma desesperación que yo a ella.
Karina me sostenía la mirada, con los ojos empañados por una rabia que se estaba transformando en algo mucho más peligroso. Sus labios, entreabiertos, invitaban a un desastre del que no quería escapar.
—No quiero tu dinero, Karina —susurré, mi voz apenas un rastro de aire cerca de su boca—. No te compré. Te encontré. Y cometí el error de creer que podía controlarte con papeles cuando lo único que quería era esto.
Acerqué mi rostro un centímetro más. Pude oler el rastro del vino de la cena, su perfume cítrico y ese aroma dulce que era solo de ella.
—¿Esto es lo que quieres? —