POV ANDREW
El silencio en la mansión Thorne era una entidad viva que me oprimía el pecho. Me encontraba en el despacho, rodeado de informes financieros que no podía leer y de ese iPad maldito que aún mostraba las sombras de Julian y Karina en el restaurante . El whisky en mi vaso se había aguado, pero seguía siendo mi único compañero.
—¡Lewis! —grité, mi voz resonando con una irritación que no podía controlar.
El hombre apareció en el umbral de la puerta casi al instante, con la cabeza baja.
—¿Dónde está Karina? —pregunté, fingiendo una indiferencia que me quemaba la garganta.
—La señora salió hace unas horas, señor. No quiso que la escoltaran. Dijo que necesitaba aire.
Mi mandíbula se apretó tanto que sentí un crujido. El aire de la mansión, según ella, era irrespirable, pero yo sabía leer entre líneas. En mi mente, "necesitar aire" era el código para "necesitar a Julian". La mecha de mis celos, alimentada por la cizaña de Paola y las fotos anónimas, estalló en una llamarada de