POV ANDREW
La luz del sol de las Bahamas entró por los ventanales con una violencia que me resultó insultante. Desperté con los músculos tensos y el humor negro filtrándose por mis venas como veneno. Lo primero que sentí fue el vacío a mi lado; el calor que me había servido de anclaje durante mis pesadillas nocturnas se había esfumado.
Al girar la cabeza, la vi. Karina estaba de pie frente al espejo, terminando de arreglarse. La vulnerabilidad de la noche anterior, esa extraña tregua donde sus dedos se entrelazaron con los míos, se disolvió en el aire viciado de la mañana. Me sentí expuesto, y en mi mundo, la exposición es el preludio de la derrota.
—Te despertaste de un humor encantador, veo —soltó ella, notando mi mirada asesina a través del reflejo.
—No te acostumbres a lo que pasó anoche, Karina —mi voz salió como un ladrido, áspera y cargada de una frialdad que pretendía marcar una distancia insalvable—. Fue una debilidad momentánea. No habrá más toques, ni más confesiones