El juez terminó de leer los artículos de ley y extendió la pluma. El silencio era absoluto; solo se escuchaba el suave roce del vestido largo de Elizabeth contra la alfombra y la respiración contenida de Victoria y Alondra desde el rincón.
Jonathan firmó con trazo firme. Luego, Elizabeth tomó la pluma y, con la mano ligeramente temblorosa, plasmó su rúbrica. En ese instante, ante la ley, dejaron de ser jefe y asistente para convertirse en los esposos Berry.
Justo cuando el juez iba a cerrar el