—Addison me hizo creer que no era capaz de amar sin ser traicionado —confesó él, con una honestidad que la desarmó—. Me encerré en esta casa, en mis negocios, y construí muros tan altos que olvidé cómo se sentía dejar que alguien entrara. Tú derribaste esos muros en una semana con tus reclamos, tu terquedad y... tu luz.
Elizabeth sintió una calidez en el pecho que borró cualquier rastro de duda sobre el contrato que estaban a punto de firmar. El cambio en Jonathan era real; no era una actuación