Jonathan no esperó ni un segundo más. Salió de la suite principal casi tropezando con sus propios pasos, con el papel de los resultados aún apretado en su mano como si fuera un tesoro sagrado. Elizabeth lo siguió con la mirada, con el corazón hinchado de emoción, mientras Victoria caminaba detrás de él, compartiendo esa furia protectora que solo una tía que acaba de recuperar a su sobrino puede sentir.
Jonathan irrumpió en la habitación de Leo. El pequeño seguía en pijama, unos pantalones azule