—Bienvenida de nuevo a tu dulce hogar — sonrió Gonzalo al al entre por las rejas que dan ingreso hacia el interior.
—Nada como la nevera que es Alemania— ironizó.
— Querida, pero si Nueva York también es frío.
— Ese frío es más soportable.
—Te diría que podríamos ir a algún lugar caluroso, pero no puedo recompensarte cuando te has portado muy mal. — meneo el dedo índice delante del rostro de Zoe como si fuera una niña pequeña y malcriada—, mi querida, iras directo al cuarto Rosa Rojo.
Zoe