Estaba recostada en mi cama cuando sentí cómo Demon se acercaba. Me abrazó suavemente y, con su voz envolvente, me susurró al oído:
—¿Qué opinas de ir al cine conmigo esta noche?
Aún medio bostezando, le respondí con una sonrisa perezosa.
—Sí, eso suena perfecto. Justo lo que necesito: un descanso.
Me levanté y me arreglé rápidamente, asegurándome de ocultar mis orejitas de lobo bajo mi cabello. Quería disfrutar de la salida sin preocuparme por mis recientes transformaciones. Cuando finalmente