Estábamos de camino a casa, disfrutando de la frescura de la noche y de la tranquilidad que seguía a nuestra divertida salida. Sin embargo, esa paz se rompió de repente cuando James, el vampiro, apareció frente a nosotros, acompañado de una chica cuya actitud errática dejaba entrever que no estaba en sus cabales.
—Luna —dijo James, su voz gélida—, por tu culpa ya no estoy en DW Group.
Sentí que el corazón se me aceleraba. La tensión en el aire era palpable, y antes de que pudiera reaccionar,