Decir que a Matías se le cayó la quijada de la sorpresa sería poco. Encontrarse a Charlize de esa manera, vestida para matar y con dos cosas altamente peligrosas en sus manos, lo hacía entender que no presagiaba nada bueno.
—Princesa… —es todo lo que le sale de la boca y ella se acerca con un paso seductor a él.
—Te ves muy guapo de uniforme —le dice ella rozando la fusta en su pecho—. Tal vez te lo deje puesto mientras hacemos lo que tengo en mente.
—Charlize, para un momento, tenemos que habl