Se quedan así unos minutos más, relajando sus respiraciones y sintiendo como sus cuerpos se van acostumbrando a es nuevo sentimiento que los embarga.
Matías no deja de acariciar la espalda de su princesa, mientras ella se siente protegida por el hombre que ama.
—Debo ir a trabajar… —dice Charlize de mala gana, mirándolo a los ojos.
—No vayas, quédate conmigo —le dice Matías, besando una de sus manos y mirándola con intensidad.
—Tengo que ir, hoy es la continuación del juicio y ya que mi madre n