Cuando Connie volvió al albergue estaba tan feliz que la madre superiora y la hermana Mica se contagiaron con su felicidad.
—Te vamos a extrañar hija mía, pero estoy segura de que Dios te va a proteger y te va a bendecir por ese corazón tan grande que tienes y vas a ser muy feliz — dijo la mujer y Connie se abrazó de ella como si se estuviera despidiendo de su madre para ir en busca de su felicidad.
—No te voy a dejar extrañarme tía, vendré a visitarte tantas veces como me sea posible, no tiene