—Eh…bueno en realidad no son mis hijos, pero como si lo fueran, es una larga historia que ya te contaré, la forma en que esos niños llegaron a mi vida, no es muy agradable, pero son mi responsabilidad ahora y es mi deber velar por ellos hasta que su madre pueda recuperarlos.
Por sus palabras Gabriel intuyó que la madre de los niños en cuestión debía ser una mujer del albergue y no pudo evitar pensar que quienes la consideraban un ángel, no estaban lejos de la realidad.
—Entonces no hay problema