CAPÍTULO 45: AUN HAY FUEGO
Maddison
Él parpadea de nuevo. Es como si no pudiera decidir si quiere tocarme, sacudirme o arrodillarse. Su mandíbula está tensa, su cuerpo rígido y sus ojos llenos de dolor y deseo. Yo los leo todos como un libro abierto. Derek Kingsley no puede ocultarme nada.
—No entiendo… —empieza a decir, pero lo corto con una carcajada suave—… ¿Ya pasaron cinco años? Saliste de prisión…
—No entiendes muchas cosas, Derek —susurro, acercándome un paso, lo suficiente para que sien