Maddison
Las luces del hospital me resultan más frías de lo normal. No es por el aire acondicionado, ni por los pisos impecables o por las paredes impersonalmente blancas, sino por la sensación de vulnerabilidad que se cuela por cada poro de mi cuerpo mientras estoy recostada en esa camilla, con Andrew a mi lado y la incertidumbre latiéndome en las sienes. Los médicos han dicho que no es nada grave, solo contracciones falsas provocadas por el estrés, y que debo mantenerme tranquila, evitar emoc