CAPÍTULO 128: LA LÍNEA QUE NO SE CRUZA
Andrew
El zumbido del fluorescente sobre mi cabeza se mezcla con el leve olor a desinfectante y croquetas. Las patas de un cachorro golpean el suelo del consultorio mientras su dueña agradece por la revisión. Sonrío, mecánicamente, y me despido con una inclinación de cabeza. Apenas cruzan la puerta, suelto el aire contenido en mis pulmones.
La jornada ha terminado, pero mi cabeza no.
Me quedo allí, solo, con el uniforme ligeramente arrugado y los nudillos