CAPÍTULO 110: DONDE NO LLEGA EL GRITO
Maddison
Todo está oscuro. No sé si tengo los ojos cerrados o si realmente no hay ni una rendija de luz en este lugar. Intento moverme, pero las muñecas me arden, apretadas por algo áspero y frío. No sé dónde estoy. No sé cuánto tiempo ha pasado. Solo sé que hay tierra bajo mi espalda, que el aire huele a humedad rancia y que algo gotea cerca de mí, un sonido constante, como un reloj que marca el fin.
Parpadeo. Apenas distingo los bordes de una ventana cubi