Andrew
No me gustan los lugares demasiado lujosos, esos que huelen a privilegio mal disimulado y donde la gente se ríe con la boca, pero no con los ojos. Y sin embargo, aquí estoy, en uno de los clubes privados más exclusivos de la ciudad, sentado frente a una copa de whisky que no pedí, esperando a un hombre que ni siquiera debería seguir llamando “padre”.
Gregory Beaumont siempre elige lugares así cuando quiere hablar de cosas sucias. Le gusta la contradicción, ese aire elegante que cubre los