Simón había dejado de transmitir. La pelirroja murió inmediatamente después. Qué lástima, ya hasta me caía bien. Alejé la máquina de su cabeza y la desamarré de la silla. Mientras lo hacía, el otro sujeto vociferaba todo tipo de maldiciones en mi contra. Ignorándolo, agarré a la pelirroja y la llevé hasta una de las mesas que había robado de la morgue. La acosté y comencé a desvestirla. A pesar de haber estado sometida estas últimas semanas a mi dieta estricta, tenía un cuerpo bastante bonito.