Al día siguiente
El sonido de un timbre hace que me despierte y deba limpiar la baba que dejé sobre mi brazo. Durante toda la noche me quedé en el escritorio pensando sobre lo que debía escribir como normas entre mi jefe y yo, pero, al final, el sueño me ganó.
El timbre sigue escuchándose y yo me levanto, sintiendo que mi cuerpo va a partirse en dos por cuan mal dormí. Suspirando profundo, camino hacia la puerta, abriendo esta con molestia.
— ¿Quién rayos toca tan temprano? — pregunto sin abrir