Al terminar de desayunar, Alejandro y yo salimos de la casa, dándonos cuenta que estaba cayendo un diluvio afuera. Yo no quería mojarme a pesar de que un auto color negro, ya nos estaba esperando en la entrada de la casa. Antes de darme cuenta, una de las sirvientas le da un paraguas a Alejandro. Él lo abre para después tomar de mi brazo inesperadamente. Yo lo mire incrédula al sentir su toque.
–¿Qué esperas? –Su sonrisa era la más hermosa, incluso cuando sus dientes no eran parejos. Ya que con