Nadie te prepara para ser mujer, incluso como una huérfana sin madre, no tuve ni siquiera un acercamiento a mi sexualidad. Y mientras Susana me viste con un vestido de seda roja de tirantes tan delgados, me siento aún más cerca de mi sexualidad. Me veía lo suficientemente provocativa como para parar a un hombre. Sabía que era hermosa, porque viví una vida con gente que me aseguraba que lo era, pero esta vez es la primera vez que me lo puedo creer.
Por último, me puse unos tacones con cuerdas qu