Augusto:
Los peores días para mí, eran aquellos en los que me veía forzado a atender los asuntos de negocios desde casa porque mi madre entraba en crisis, ya había atentado contra su vida con antelación.
Por lo tanto, me ocultaba como un topo en su madriguera evitando a toda costa cruzarme con Mariela, pero aunque le rehuía no dejaba de vigilarla. Podía decir casi en cualquier momento del día dónde se encontraba exactamente.
Me justificaba a mí mismo, diciéndome que llevaba a cabo esta enfermi