(Keira)
Deslicé mis dedos por mis brazos, para sentir la suavidad de mi piel humana. Era tan tersa, como si estuviera hecha de cera. Mi cabello acariciaba mi espalda, limpio y pulcro, como en el pasado. Miré mis manos, otra vez sonrosadas.
El poder se extinguió dentro de mí, el demonio se había marchado para siempre. Sentía una relajación en cada parte de mi cuerpo, mis huesos, mis músculos, todo estaba en paz ahora. Cerré los ojos al escuchar el aullido de Iker. El estaba vivo, era lo más imp