Grace
Me recosté contra el respaldo de la silla y me llevé una mano al cuello. Lo froté despacio para intentar aliviar el dolor intenso que se me había instalado ahí después de un día entero de reuniones, documentos y conversaciones que parecían no terminar nunca.
Me sentía aturdida.
Al otro lado del escritorio, mi asistente levantó la mirada y me sonrió con calidez y comprensión.
—Debe estar cansada —dijo—. Lleva varios días trabajando sin parar. No solo dirige el departamento de relaciones púb