Grace
En cuanto escuché su nombre, casi se me salió el alma del cuerpo.
Todos se abalanzaron hacia adelante, empujándose y apretujándose, de pronto desesperados por impresionar al hombre más temible del edificio. Un segundo antes Apollo estaba a la vista; al siguiente, una marea de nuevos reclutas ansiosos me había tragado mientras se amontonaban por captar su atención.
Gracias al cielo, carajo. No lo pensé; corrí.
Como una ladrona a plena luz del día, empujé la puerta de vidrio más cercana y sa