Grace
Miré a Apollo Reed un momento, mientras el corazón me latía con fuerza. Tragué saliva, pero tenía la garganta tan seca que me dolía.
Dios mío. Este hombre.
Por eso no quería sentarme a su lado. No era porque le tuviera miedo. Apollo ya no me asustaba, pero seguía poniéndome nerviosa. Cada vez que me acercaba demasiado, el corazón se me aceleraba, la piel se me calentaba y se me enredaban las ideas.
Me sentía como una chica de preparatoria que volvía a enamorarse, demasiado pendiente de cad