Apollo
Me recosté en la silla e incliné un poco la cabeza mientras revisaba el expediente abierto frente a mí. El despacho estaba tan silencioso que hasta el sonido más tenue habría resonado. Golpeteaba despacio con los dedos sobre el escritorio, pero aquel ritmo pausado no conseguía calmar la tormenta que llevaba dentro.
Bajé la mirada al nombre impreso en la primera página.
Jackson Kim.
Su fotografía, sujeta a una esquina, parecía devolverme la mirada. Era el desgraciado que se había atrevido