Grace
Miré el precio en mi celular. El corazón me latía con tanta fuerza que sentía el pulso en la garganta. En la pantalla brillaban unos números grandes y en negrita que me revolvían el estómago.
—No puede ser —murmuré, incrédula. Parpadeé y me froté los ojos con el dorso de la mano, como si eso pudiera corregir por arte de magia la cifra que tenía delante. Pero cuando volví a mirar, seguía igual.
Cincuenta. Millones. De dólares.
¡Qué carajo!
Me quedé con la boca abierta. Me hundí en el asient