Grace
—Ah, ¿cómo puedes seguir tan apretada si estás empapada? —dijo Apollo entre gruñidos, con la voz quebrada de placer. Sentía su verga palpitar tan adentro que apenas podía respirar.
Seguía con la frente apoyada contra su pecho y temblaba sin control. Su aroma me llenaba los pulmones y se mezclaba con el calor entre mis piernas. Lo tenía metido hasta el fondo y seguía presionando ese punto perfecto en mi interior que siempre encontraba. Era como si conociera mi cuerpo mejor que yo.
Me mordí