Grace
—¡Qué susto me dio! ¿Qué carajos es eso?
—Ni idea. De todos modos, es rarísimo. No hay que acercarnos.
Se escuchaban las voces mientras avanzaba por el pasillo del hospital; cada paso me pesaba por culpa del ridículo disfraz de conejo. Sentía que la cabeza pesaba como cinco kilos y sudaba a mares debajo de la tela de felpa. Intenté pasar por alto las miradas de sorpresa y las risas contenidas a mi alrededor mientras recuperaba el aliento.
“Esto es una locura”, pensé mientras me secaba la f