Apollo
Las mujeres son como las flores. Las abres pétalo a pétalo y las haces florecer.
No había nada más satisfactorio que contemplar el proceso, desde la espera y la suave resistencia hasta el momento en que ya no podían contenerse más y, día tras día, terminaban por desplegarse entre tus manos.
Esa flor era la mujer que estaba de pie frente a mí y que no lograba sacarme de la cabeza.
Maldita sea, estaba duro. ¿Podían culparme? Estaba abierta para mí, con la piel encendida y las pantaletas emp