Grace
Mi jefe estaba de rodillas frente a mí, lamiéndome el clítoris como si fuera el mejor manjar que hubiera probado en su vida. No debería exagerar; no era la primera vez que me hacía gemir hasta deshacerme. Pero, carajo, esto era diferente.
Jamás me había devorado con un vibrador todavía zumbando adentro, atormentándome y sobreestimulándome hasta que mi cuerpo ya no sabía si llorar o gritar. Cuando dije que lo quería rápido, no esperaba que me llevara tan lejos como para no poder pensar con