DAMIÁN:
—Maldición.
Murmuro mientras me giro levantando la mano para que al demonio no se lo ocurra disparar h dejarme convaleciente.
—¿Quién eres?
Me pregunta quitándole el seguro a su arma para dispararme.
—¿Yo? Nadie.
Susurro para usar mi velocidad vampírica y destrozar su cuello.
Su asquerosa sangre llega a mi paladar y hago una mueca de asco.
—Que asquerosa sangre.
Susurro para luego esconder el cadáver y no llamar a la atención de más.
Con sigilo me oculto detrás de un arbusto y presiono