LAYLA:
La hora de la dichosa cena llegó y aquí nos encontramos Damián y yo, un kilómetro antes de llegar a la casa.
—Se que quieres decirme algo Layla.
Me habla clavando sus ojos en mí.
—No confío en esta cena Damián.
—Yo tampoco, así que no te alejas de mí.
—Hay cielos, ya no soy una niña, puedo cuidarme.
—¿Todavía estás enojada?
Me pregunta acercando su rostro más al mío.
—No.
Respondo cortante y este suspira mirando al cielo como si estuviera pidiendo por algo.
—Mujeres y su falta de nunca d