- Tengo mucho miedo... De que destruyas mi corazón. Puso su mano en su pecho, burlándose de mi cara.
me crucé de brazos:
- ¿Estás bromeando, Heitor Casanova?
Sacudió la cabeza, mirándome profundamente a los ojos.
- Sr. Casanova, dígame algo, por favor.
- Hasta las dos, Bárbara… - Continuó inmóvil, sin apartar su mirada de la mía.
- ¿Tienes una cuchara ahí?
- ¿Qué? Sacudió la cabeza, confundido, frunciendo el ceño.
Necesito unirme, idiota. Acabas de derretir mi cuerpo y lo que quedaba de mi cere