Tomé la botella de él.
- Ahora inténtalo de nuevo, con ambas manos. Puedes. Es un hombre... Debe tener fuerza al menos. Es lo minimo...
- No soy un hombre acostumbrado a empujar, señorita Novaes. Al menos no para abrir ascensores. Me miró con sarcasmo.
- ¿Y cómo vas a abrir la puerta del ascensor, si no vas a usar tu fuerza? ¿Crees que obedecerá tus hermosos dedos? – me burlé.
Se miró los dedos y luego a mí:
- Me impresiona la forma en que me observas y sabes todo de mí, “Bárbara”.
- Señorita N