- Yo no sé nadar. - le confesé, avergonzado, tratando de recuperar el aliento.
- Perdóname, Bárbara. Yo no sabía. - Estaba preocupado, sus manos sostenían mi rostro entre ellas.
De repente, el miedo dio paso a la gracia y empezamos a reír.
- Vale, condón roto, casi te ahogo... ¿Qué más puede pasar?
- ¿Prendí fuego al palo de pole dance? - No me contuve.
- Puedes prenderle fuego a todo, Bárbara. Pero solo después de que nos hayamos ido y hayamos terminado nuestra noche. Quiero despertar contigo