Bien, ¡ahora le doy órdenes a Perrone! Joder, ¿qué estaba pasando? Nunca había visto a Sebastián así. Era tan dulce y gentil, incluso cuando estaba enojado. Pero en ese momento no fue así.
Sebastian entró en la habitación y yo lo seguí. Antes de cerrar la puerta, le dije al secretario:
- Ya dejaste de darle mensajes míos una vez, ¿recuerdas? ¿Qué diablos tienes contra mí de todos modos?
- Nada, señorita Novaes. Sacudió la cabeza.
- Espero que no me dé poder, porque lo primero que voy a hacer es