- No puedo, bebé. Necesito cumplir la promesa que le hice.
Cielos, me dolía tanto el pecho. Recordar a mi madre me rompió. Era un anhelo tan grande e intenso. Y supe que nunca podría deshacerme de ese sentimiento dentro de mí. Porque no la volvería a ver, con su dulce sonrisa, su constancia y optimismo y la certeza que me daba de que todo saldría bien, siempre.
Si había una promesa de que no descubriría la verdad, mamá estaba segura de que buscaría vengarme del bastardo.
Por supuesto que iba a