Ben la abrazó:
- Estamos contigo, amigo. Y... Si no soy el padrino, me enfadaré mucho.
Empezamos a reír:
- Por supuesto que serán padrinos... Y un poco de mamás también. - Ella sonrió. - Sé que puedo contar contigo para que me ayudes con la educación de esta criaturita que se está formando aquí dentro.
- No hay suficiente cuchara para acompañarme, chicas. – Ben sonrió, apretando fuertemente a Salma entre sus brazos. “Me voy a derretir por este bebé. No puedo creer que voy a ser mamá. Si no fuer