Isabela se sentía sofocada a pesar de que el aire acondicionado estaba encendido en la habitación. Algo estaba recostado contra su espalda y la mantenía bien sujeta contra eso. Además, la sensación piel con piel era extraña, cálida.
Hizo un sonido con la garganta de protesta ante la nueva sensación aun con los ojos cerrados, estaba agotada.
-Buenos días, bella durmiente. Ya es hora de que dejes de holgazanear.
-Buenos di…- Isabela iba a responder por inercia cuando abrió los ojos de golpe.
Los