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Isabela solo pudo ratificar algo, ese hombre besaba como el mismo paraíso, no, mejor, aun, como el infierno, porque ese fuego que estaba creciendo dentro de ella no era para nada normal. Incluso sus piernas estaban temblando y solo se mantenía estable por el fuerte agarre del brazo de Giovani alrededor de su cintura. Hasta los desagradables recuerdos de la tarde se habían esfumado y aunque pensó que sentiría repulsión contra los hombres después de… con él no fue así. Tampoco era que iba a ir de